DESCANSEN EN PAZ

¿Acaso la muerte no es más que la representación final de todas y cada una de las noches, en las que sin obsequiarle valor alguno, dejamos escapar la vida día tras día? ¿Cómo afrontaríamos cada "ama-nacer" sabiendo que el "descansar en paz" es el sentido último e inconmendurable de la vida, y cada luna previa su más fidedigno entrenamiento? ¿No es cierto que todos los días morimos un "ratito"? ¿Los sueños, las pesadillas? ¿A dónde va nuestra alma en esas horas de "micromuerte" natural? ¿Y si los trasnochadores tuviesen un miedo irracional a que las luces se apaguen? ¿Conflicto moral? ¿Cuántos deberes se han dejado sin resolver en las horas previas al ocaso? Ha habido una decena de etapas marcadas a fuego en mi camino en las que conciliar el sueño me resultaba tarea mastodóntica. Una lucha "cuerpo-mente" agotadora que me arrojaba cual despojo como puro ser inherte a la luz de un nuevo día, que obviamente, sería perdido hasta pararme a sentir las respuestas. Todas y cada de esas veladas ha tenido su pistoletazo de salida en un cuerpo sintomático al que la temerosa mente ha intentado proporcionar placebos y opiáceos varios. Esta retahíla de sonambulismos pasajes se ha dilatado en el tiempo todo lo que ha necesitado el figurante principal, osease, yo, para en ejercicio de pura consciencia tomar el mando de los acontecimientos y extirpar a golpe de decisión aquel punzante y desagradable indicio de que por ahí, mi camino no llevaba a ninguna parte. Será amor propio, será valentía o será la sensación de plenitud con la que te obsequia "la vida" cuando se actua en base a lo que se siente y no a lo que se piensa. Sea lo que sea, sigo aprendiendo cada día que el secreto de perderle el miedo a la muerte, es el mismo, en reducida dosis, de no temer a que llegue la oscuridad, el silencio y la soledad de la noche. Todo está bien, si todo está resuelto al llegar la "muerte". Todo estará bien, si has vivido, ya sea un día o una vida entera, acorde a lo que uno es, a lo que uno siente. Sentido, propósito, honestidad, esencia. Hace muchas noches que son pocas las que me privan del descanso momentáneo, telonero del eterno. Y cuando llegan, se les da la bienvenida, se las acepta, se las mira a la cara y se les pregunta... ¿Va, dispara? ¿Qué lección me toca ahora, que no supe ver en horario lectivo? Continua transformación, continuo aprendizaje. Que ya no temo a morir, pero si a vivir una vida no vivida. Y es entonces, cuando el "universo", a través del cuerpo, te lo aclara... ¿Lo tomas y que merezca la pena? ¿O lo dejas y que sea lo que "Dios" quiera?

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