25 PARA 37
Fui mi padre el primero del primero de febrero en recordarme anoche tan especial efeméride. A las 00:01 como lo suele hacer a veces la gente importante de tu vida en ese momento, esa que se interesa y empeña en demostrarte con dichos y hechos que al menos este año, ahí siguen, a pesar de haber reducido por propia voluntad la hiperconexión digital a mínimos que aún siguen siendo demasiados. Su deseo de mejor regalo fue una victoria de nuestro equipo, y ese deseo histórico y otrora de vital necesidad fue el que me llevó a la reflexión... Y es que hubo un tiempo, demasiado largo quizá, en el que los goles de mi equipo eran la salsa de mi vida. ¿Triste, verdad? Cómo de vacía no debía andar mi existencia, la cual, solo a base de goles, sexo furtivo, apuestas e ingentes cantidades de comida, en el hastío emocional, y la derrota personal y futbolística, se "llenaba". Eran otros tiempos, aunque hace escasas fechas resonaron durante decenas de noches sus ecos. Tiempos donde cumplía...