CHARQUETAL
A las cuatro en tu casa y ya vemos...
Así, como cuando eramos niños. Poco importaban "las pintas", el espacio y el día que marcaba el calendario. Sabíamos de la quedada, y a veces ni eso, pura intuición. Luz verde para llamar a timbre ajeno desde el libre albedrío.Y ahí, en ese ilusionante y estridente repicar, comenzaba algo nuevo. Una aventura para la que no había plan, mapa ni advertencias. Solo había ganas. Unas ganas que que son la vela del velero del amor, de la amistad, de la libertad, de la paz. Una libertad fabricada desde la amistad, donde el amor lo inundaba todo para dar rienda suelta a un "chiquillo" que simplemente quiere ser. Y para ello, hay que dejarse en paz, y saltar sin condicionantes ni expectativas en ese charco que en aquellas tardes locas, importando poco la estación del año, era lo más parecido a ese chute de dopamina que ahora mal buscamos. Los "churretes" de mierda, el "enterico" a la lavadora y los cientos de pares de zapatillas era la vida. ¡Qué pena! Maldito el día en el que nos olvidamos de jugar dejando que las apariencias, la falsa seguridad y el miedo se apoderaran de nuestros días.
Días que avanzan cuesta abajo pero con frenos, demasiados diría yo. Reticencias que bombardean mi cabeza en esta nueva fecha para el olvido donde la guerra no empieza en tu cama. Diarios y pantallas que hoy trastocan millones de vidas por orden y mando de cuatro hijos de puta. Por si acaso, yo, al parque me bajo, quiero jugar contigo a los escondites para hacer cosas de mayores con el espirítu del niño que ya espera con ansia la llegada de los queridos reyes magos. Este año he intentado seguir siendo cada noche mejor persona. Por ello, te pido que sus ganas, su deseo y sus carcajadas resuenen cada vez más fuerte inundando todas y cada una de nuestras furtivas, inocentes y salvajes quedadas, sin importar cuantos aburridos, jueces y curiosos se acerquen a la playa.



Comentarios
Publicar un comentario