HABLAR POR HABLAR

La otra tarde, una de esas de frío invernal en las que valoramos con justicia poética el "calorcito" y bienestar que proporcionan unos simples y tímidos "rayitos" de sol, admiré también las olvidadas bondades de hablar por hablar. Sin una fuerza de causa mayor. Sin que tenga que ser como complemento a la ingesta de materias, líquidas, sólidas o ambas juntas, de evasivos poderes. Sin un reloj de pared que sirva de juez. O sin un adictivo artefacto "antihumanidad" omnipresente y omnipotente que haga las veces de moderador no cualificado. Dos expertos de grado superior en vida habían acudido puntuales a su cita diaria en el banco de ese "parquecito" que los vió crecer, y ahora, al cabo de muchas décadas e historias para contar y debatir, languidecer, de forma justa y honesta con la existencia. Conversaciones basadas en lo aprendido a lo largo del camino, sin un fin persuasivo, sin juicios ni prejuicios, simplemente dandos sus puntos de vista, unas veces parejos, y en otras ocasiomes dispares, pero siempre desde el respeto y la admiración, queriendo entender y aceptar el prisma de la otra parte indispensable de una enriquecedora y necesaria charla, la persona que tienes enfrente. Fue una envidia sana la que sentí. Reflexionando en el porqué de la estúpida razón que nos había llevado a perder esas sanas y poderosas costumbres.
¿Cuánto hace que no se sientan con alguien sin un solo elemento distractor cerca o en el ambiente, se miran a los ojos y se escuchan con las orejas de escuchar? Que por cierto, no crean que son las mismas que las de oir. Me ofrezco voluntario, y busco personas que quieran, sin condicionamiemto alguno, hablar por hablar... Razón: defender la humanidad del ser.

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